jueves, 8 de noviembre de 2007

El quería, él deseaba, ver a Jesús

Qué decisivo, qué hermoso, qué fuerte es este deseo que irrumpe en el corazón de Zaqueo. Desencadena en él un movimiento que transforma todo lo que él es y vive gracias al encuentro que se da y experimenta con Jesús, el Hijo de Dios. Para nosotros es interesante también ver cómo vence lo que impediría este encuentro, cómo le es evidente la dificultad, "a causa de la multitud, porque era de baja estatura". Es muy bueno discernir y conocer el obstáculo mío, el personal; en Zaqueo es ese, es uno, en mí ¿cuál es?. Mejor aún es recibir como un don, como "el don", este deseo de ver a Jesús, y dejarme movilizar por este impulso interior y si todavía no lo he vivido así o lo dejé pasar, me conviene pedirlo - sin dudar y agradeciéndolo como si ya se me hubiese concedido- y vigilar para que de en mí los frutos que dió en Zaqueo. Uno de los frutos en él de esta conversión es volverse solidario. Luego de reparar convenientemente su falta, comienza a volcar en la gran familia -en los más pobres que él- una parte de su fortuna. Nosotros además de nuestros recursos, que quizá no sean como los de Zaqueo, podemos aportar nuestros talentos y parte de nuestro tiempo para dar vida a la comunidad sobre todo a la eclesial.

Ponemos en el corazón el Salmo para repetírnoslo y decírselo al Señor Dios, Sumo Bien, con la alegría que nace de la esperanza mientras los ecos de las lecturas nos llenan de sabiduría.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Primera Lectura Dgo. 4 de Nov.

Sabiduría 11, 22-12,2

Señor, el mundo entero es delante de ti como un grano de polvo que apenas inclina la balanza, como una gota de rocío matinal que cae sobre la tierra. Tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes, y apartas los ojos de los pecados de los hombres para que ellos se conviertan. Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que has hecho, porque si hubieras odiado algo, no lo habrías creado. ¿Cómo podría subsistir una cosa si Tú no quisieras? ¿Cómo se conservaría si no la hubieras llamado? Pero Tú eres indulgente con todos, ya que todo es tuyo, Señor que amas la vida, porque tu espíritu incorruptible está en todas las cosas. Por eso reprendes poco a poco a los que caen, y los amonestas recordándoles sus pecados, para que se aparten del mal y crean en ti, Señor.

Salmo Dgo. 4 de Nov.

Salmo 144, 1-2. 8-11. 13c-14

R. Bendeciré al Señor siempre y en todo lugar.

Te alabaré, Dios mío, a ti, el único Rey,
y bendeciré tu Nombre eternamente;
día tras día te bendeciré,
y alabaré tu Nombre sin cesar.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
el Señor es bueno con todos
y tiene compasión de todas sus criaturas.

Que todas tus obras te den gracias, Señor,
y tus fieles te bendigan;
que anuncien la gloria de tu reino
y proclamen tu poder.

El Señor es fiel en todas sus palabras
y bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que caen
y endereza a los que están encorvados.

Segunda Lectura Dgo. 4 de Nov.

2 Tes 1, 11-2, 2

Rogamos constantemente por ustedes a fin de que Dios los haga dignos de su llamado, y lleve a término en ustedes, con su poder, todo buen propósito y toda acción inspirada en la fe. Así el Nombre del Señor Jesús será glorificado en ustedes, y ustedes en Él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo.
Acerca de la Venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestra reunión con Él, les rogamos, hermanos, que no se dejen perturbar fácilmente ni se alarmen, sea por anuncios proféticos, o por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que hacen creer que el Día del Señor ya ha llegado.

Evangelio del Domingo 4 de nov.

Lucas 19, 1-10

Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos. Él quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí.
Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador». Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, yo doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le doy cuatro veces más».
Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido»